Capítulo 23 de 27
Yetzirah se rebela ante la profesora de orientación vocacional y psicoemocional
«No descansaré hasta destruirla y partirla en mil pedazos», pensaba Camila mientras veía con odio y rencor a su hermana Yetzirah sentada a varias butacas de distancia de ella en el salón de clases.
—¡Buenos días, jóvenes! ¿Qué tal amanecieron el día de hoy? —saludó la maestra Jímena mientras entraba al salón de clases interrumpiendo los pensamientos de Camila.
—Pues, un poco preocupados, maestra Jimena.
—Y, ¿eso por qué?
—Porque tenemos una inquilina nueva en este grupo y en todo lo que va de la mañana no ha dicho ninguna palabra, probablemente le comieron la lengua los ratones.
—También tememos por nuestra estabilidad psicoemocional porque trae un gato negro en su mochila y no se ve muy higiénico que digamos, lo más probable es que tenga alguna enfermedad contagiosa como la de Lyme.
—Así es, profesora, nos preocupa que se vuelva a repetir lo que ocurrió con el covid-19 y terminemos de nuevo con las ineficientes clases virtuales.
Todos estos ataques discriminatorios y ofensivos hacia Yetzirah y su gato eran proliferados por el trío dinámico de Camila y sus achichincles Regina y Rubí.
—¿Alguien más aparte de estas tres jovencitas está padeciendo ese tipo de ataques de pánico con respecto a la estudiante de nuevo ingreso y su mascota? —preguntó la psicóloga Jimena, docente de la materia Orientación Vocacional y Psicoemocional.
Ninguno de los demás alumnos allí presentes dijo nada, sólo voltearon a mirarse los unos a los otros haciendo muecas de negación e indiferencia respecto a todo lo que habían dicho esas tres chicas. Ya las conocían como las odiosas del salón.
Las populares e inalcanzables reinas del glamour, la altanería y la prepotencia. Buscando siempre la forma de hacerle la vida de cuadritos a quien se cruzara en su camino. Como si cada día tuvieran la encomienda de romper el récord Guinness de hacer bullying a la mayor cantidad de personas posibles.
—Bien, en ese caso, podemos comenzar con la clase del día de hoy —dijo la profesora al ver la actitud de los demás compañeros, después de todo, ella también ya conocía a la perfección a esas tres jovencitas y sus malas actitudes.
—¿Qué vamos a hacer el día de hoy, maestra? ¿Trajo los cuestionarios que nos había prometido para evaluar nuestros intereses profesionales? —preguntó emocionada Nadia.
—Sí, eso es justamente lo que haremos en la clase de hoy. Pero antes, me gustaría conocer un poco más acerca de su nueva compañera. Independientemente de los prejuicios de Camila, Regina y Ruby, creo que es necesario que todos conozcamos un poco más acerca de nuestra nueva alumna, para que así pueda darse una mayor integración grupal.
Cuando la psicóloga Jimenez terminó de decir las anteriores palabras se desplazó por entre los pupitres del salón hasta quedar colocada al pie de donde estaba sentada Yetzirah, que era en el primer lugar de la fila pegada a la pared, justo en la orilla donde estaba la entrada al salón.
Era como si la joven se hubiera sentado allí justo casi a la entrada y salida, como estrategia de escape rápido en cuanto terminarán las clases. Las cuales estaban resultando un suplicio para ella, puesto que se sentía fuera de lugar entre todos esos jóvenes desconocidos para ella.
—Y bien, jovencita, ¿qué tienes que decirnos sobre ti? Queremos conocerte, cuéntanos cómo te llamas, de dónde vienes, cuáles son tus gustos, tus intereses, tus pasatiempos favoritos, etc. En fin, expresa todo lo que desees que nosotros sepamos de ti. De igual forma, si alguien desea conocer algo más específico, puede hacer una pregunta directa a su nueva compañera de clase.
Pero Yetzirah no respondió nada, sólo se limitó a bajar la mirada en dirección de su cuaderno, en donde dibujaba y coloreaba una mandala. La psicóloga guardó silencio por unos instantes esperando una respuesta, pero al no recibirla, agregó lo siguiente con suma paciencia y amabilidad:
—¿Estás bien, jovencita? ¿Por qué no respondes nada ante lo que te acabo de pedir?
—No diré nada, no me interesa —respondió Yetzirah entre dientes, casi en forma de susurro que ni la maestra ni sus demás compañeros de clase pudieron entender lo que había dicho.
—Perdón, ¿podrías hablar un poco más fuerte, por favor? Es que no entendí lo que quisiste decir.
Yetzirah interrumpió su dibujo de mandalas y volteo a ver a su profesora para comentarle lo siguiente con voz un poco más clara:
—Que no quiero decir nada sobre mí ni a usted ni a mi compañeros, no estoy interesada en conocerlos a ustedes ni que ustedes me conozcan a mí. Me considero una persona antisocial, por tal motivo, no necesito de integraciones grupales ni de nada por el estilo. Me sentiría mejor si usted ni nadie hiciera preguntas sobre la privacidad de mi vida personal.
—¡Esa es de las nuestras! —dijo Nadia a Nolan con voz baja.
La profesora guardó silencio por un instante, mientras reflexionaba sobre las palabras de la adolescente y trataba de decidir cuál sería la acción más prudente que debía seguir con respecto a aquella situación. Al ver como los demás alumnos comenzaban a distraerse y estar cada quien por su lado, hablando sobre temas personales que nada tenían que ver con la clase, la psicóloga toma una decisión y dijo lo siguiente:
—De acuerdo, señorita, respetaré su privacidad. ¡Atención todos!, saquen su laptop y abran la plataforma virtual de esta materia, allí he adjuntado varios cuestionarios de intereses profesionales. Uno de ellos es el test CHASIDE, el cual vamos primero a resolver de manera individual y después comentar en plenaria el día de hoy.