Capítulo 24 de 27
Almuerzo escolar y cada bando en su trinchera crítica y observa a los demás
En la hora del almuerzo Yetzirah se sentó a comer en un área sola y lo más retirada posible de cualquier otra persona, y con su mochila en donde guardaba a Kaled que se asomaba por la abertura de cierre.
—Si me dejas opinar, creo que tu hermanastra es una odiosa y…
—No, Kaled, no te dejo opinar. Es más, ni siquiera me importa lo que pienses tú de ella ni lo que ella sea o deje de ser —dijo Yetzirah de forma cortante sin esperar a que su mascota terminara lo que iba a decir—. Y si pudieras guardar silencio y dejarme comer mi almuerzo en paz, te lo agradecería bastante.
Kaled ya no dijo nada y con profunda tristeza bajó su cabecita y se regocijó dentro de la mochila. Pero después de un rato volvió a insistir:
—Pero, ¿por qué te comportas así tan cortante y grosera conmigo?, ¿yo qué te he hecho? Perdóname por haber llegado a tu vida, perdóname por ser tan simplemente un michi loco y soñador sin esperanza.
—No, Kaled, no eres tú, soy yo. Es que de pronto han sucedido tantas cosas en mi vida, que no me acostumbro a todo este cambio. Extraño a mis abuelos. Tal vez toda esta impotencia y tristeza la esté mal enfocando en un odio y resentimiento contra el mundo. Y creo que he sido muy injusta contigo, tú no tienes la culpa de nada, no mereces que me porte así de grosera contigo. Perdóname, por favor, he sido una tonta.
—No te preocupes, linda, te entiendo.
—Gracias por tu paciencia y comprensión, Kaled. Prometo que haré hasta lo imposible por revertir ese hechizo para que pronto vuelvas a ser un hombre normal.
—Gracias a ti, Yetzi, perdóname tú a mí por presionarte con ese asunto. En realidad estaba un poco molesto y por eso lo hice, pero ya no lo estoy. Así que llévatelo con calma, no quiero que te agobies más. Después de todo, ya llevo varios siglos aquí, podría esperar unos cuantos más, je, je. Lo realmente valioso para mí es que ahora estoy viviendo a tu lado esa eternidad que tú me regalaste con tu hechizo.
—Gracias, corazón —le dijo la joven mientras le daba un besito tierno en los bigotes a Kaled.
En otra mesa a lo lejos almorzaban Camila y sus dos amigas inseparables, Regina y Rubí. Pero mientras lo hacían volteaban a ver con insistencia a la mesa de Yetzirah y a la mesa de Aidan.
—Necesito averiguar por qué Aidan tomó hoy el autobús escolar, estoy preocupada, y qué tal si ya se volvió pobre —comentó Camila angustiada.
—Si eso fuera cierto, que lo dudo, ¿dejarías de estar interesada en él? —preguntó Rubí.
—Obviamente, jamás me rebajaría a salir con un don nadie.
—Yo igual —replicó Regina.
—Ay, obvi, que yo también —concluyó Rubí
—Entonces deja de hacer preguntas estúpidas, porque, ¿quiénes son los únicos que dicen estupideces? —dijo Camila de forma humillante.
«Pues yo seré muy estúpida y todo, pero al menos soy más bonita que tú físicamente y sin haberme tenido que hacer mil cirugías y ponerme plastas de maquillaje como tú lo haces», pensó Rubí mientras molesta golpeaba insistentemente su tenedor contra el plato, donde fingía estar intentando ensamblar un poco de su ensalada.
A Regina por su parte la atormentan algunos problemas familiares que no se atrevía a confesar a sus amigas. Así era la amistad de estas tres jóvenes, superficial y con poca o nula confianza y apoyo emocional.
También en ese mismo comedor escolar esta otra pareja de amigos inseparables, Nadia y Nolan.
Nadia era la típica ñoña del colegio, su excelencia absoluta en todas las áreas académicas, le habían valido la oportunidad de obtener una beca para estudiar en esa prestigiosa casa de estudios, a pesar de venir de una familia de bajos recursos económicos.
Quizá no era muy buena para los deportes ni para arreglarse físicamente, pero no era del todo tan mal agraciada, simplemente no le gustaba perder su valioso tiempo con actividades que consideraba un poco frívolas y triviales. Prefería vestir con un estilo simple, cómodo y despreocupado, además de usar unos enormes lentes de botella.
Nolan tenía mucho en común con ella, por eso se habían acoplado tan bien. Pero a diferencia de ella, a Nolan no le interesaban mucho las calificaciones académicas, él vivía más apasionado a las computadores, que eran su fascinación. A sus escasos 16 años de edad, ya era uno de los Hackers más prestigiosos a nivel internacional, pero eso nadie lo sabía, guardaba este secreto celosamente y sólo lo había compartido con su amiga Nadia.
Pero, además, otra característica que distinguía a Nolan de Nadia era que él no había entrado a esa institución educativa como becario, porque sus calificaciones no se lo permitían.
No obstante, al igual que Nadia él también provenía de una familia de escasos recursos, lo que sucedía era que este joven tenía la capacidad de inventar mundos inexistentes, que se vieran como una completa e irrefutable realidad, gracias a sus habilidades informáticas. Incluso, podía Hackear identidades, cuentas multimillonarias, secretos de Estado, en fin, todo lo que él quisiera, y más, mucho más.
Pero eso no era todo, la relación entre Nolan y Nadia iba mucho más allá de una simple amistad, puesto que Nolan estaba profundamente enamorado de ella y de su profunda inteligencia e intelectualidad. Le fascinaba de ella esa pasión por la lectura y el conocimiento, y no por las simples frivolidades del mundo material.
Pero desafortunadamente para él, nadie sólo lo veía como un buen amigo. La famosa FriendZone. En realidad, Nadia amaba en secreto a Aidan, a quien veía como su amor platónico y con quien siempre andaba, a veces compitiendo y a veces trabajando en equipo, en los concursos académicos.
Puesto que ambos, Nadia y Aidan eran los promedios más altos de esa institución educativa, y quienes siempre asistían a los torneos académicos nacionales e internacionales.
Aunque Nolan también era muy inteligente, prefería mejor mantener un perfil bajo en lo académico y enfocarse más en sus intereses informáticos como Hacker y programador. Además de que amaba los videojuegos y prefería ser gamer que andar estudiando las cosas de la escuela. Rápido aprendía las cosas, por lo que no tenía que esforzarse en estudiar mucho, y si bien no sacaba puros dieces, sus calificaciones eran lo suficientemente aceptables y aprobatorias.
—Sigo sin poder entender qué fue lo que ocurrió hoy en la mañana en el autobús escolar, ¿qué crees tú que haya pasado? —dijo Nadia a Nolan con sobrada curiosidad e insistencia.