Sinopsis

Mi Crush es un Michi

Capítulo 4 de 27

Yetzirah enferma y el Kaled la cuida a ella y a los demás gatos

¡Y por fin cedió, Yetzirath logró sacar al gatito negro de aquella trampa de púas! Inmediatamente la joven se dejó caer ligeramente de espaldas sobre el suelo exhausta, mientras colocaba al gatito sobre su pecho para protegerlo.


 —De algo sí estoy completamente segura, pequeño, esta no era tu séptima vida —le dijo Yetzirah al gatito que todavía seguía sin abrir los ojos y respirando a pausas y con mucha dificultad—. Has sido un gatito muy valiente, me siento muy orgullosa de ti. Te llevaré a casa con los demás y curaré todas y cada una de tus heridas con mucho amor. 


»Has llegado a mi vida en el momento que más te necesitaba, eso es algo que nunca olvidaré. Te llamarás Kaled, porque lograste vencer a la muerte y te volviste inmortal. Tú nunca me abandonarás, lo sé, me lo dicen mi alma y mi corazón. Tú eres eternidad. Tú eres mi Kaled, mi gatito inmortal. Mi gatito número 14, la mala suerte terminó, tú has llegado a mi vida para calmar toda mi tristeza y soledad.


—Doña Carolina, ¿me puede dar 20 pesos de whiskas, por favor?

—Pero, muchacha, me tenías con el Jesús en la boca. ¿Dónde habías estado? ¡Mira cómo vienes, toda empapada! Vino la trabajadora social a preguntar por ti, estuvo afuera de tu casa tocando por horas, pero nunca saliste, ahora entiendo por qué. A todos los vecinos se nos hizo raro que después del entierro de tus abuelitos tardarás tanto en volver a casa, pensamos lo peor. 


—Ya estoy aquí, no hay nada de qué preocuparse.


—¿Y ese gatito, de dónde lo sacaste? Se ve muy mal, qué le pasó. 


—Será un miembro más de mi familia, está un poco lastimado pero yo lo voy a curar y cuidar para que pronto mejore. 


—Ten tus whiskas, muchacha, ve a darte un baño con agua caliente, no te vayas a enfermar. Abrígate bien y descansa, te hace mucha falta. Esa obsesión tuya de rescatar tantos gatos de la calle y cuidarlos no creo que sea muy productivo para ti. Lo más seguro es que tengas que irte a vivir a un orfanato y allí ya no te van a dejar que tengas animales. Lo mejor es que te vayas resignando y despidiéndote de tus gatos. 


—Con todo respeto doña Carolina, pero usted no es nadie para decirme lo que tengo que hacer o dejar de hacer. Es mi vida y son mis gatos. Lo que yo haga con mi vida y con mis gatos, es algo que ni a usted ni a nadie le debe importar. Gracias por las whiskas, adiós —dijo la joven con voz golpeada y sumamente molesta mientras tomaba con brusquedad la bolsa con el alimento de sus gatos y se retiraba de forma apresurada del lugar.


—¡Qué barbaridad de modales, jovencita!, apenas el primer día sin tus abuelos y ya andas de irrespetuosa y malmodosa. ¡No quiero ni imaginar lo qué será cuando pase el tiempo sin nadie que te jale las riendas! —refunfuñó la tendera alzando la voz para que la joven la pudiera escuchar, pero Yetzirah prefirió no caer en provocaciones y mejor siguió caminando rumbo a su casa con el pequeño Kaled en brazos. 


Cuando la joven llegó a su humilde casa de madera la lluvia ya había dejado de caer, pero el lodo y las goteras se habían filtrado por algunos orificios de la madera desgastada. Todos sus 13 gatitos la esperaban con ansias y la recibieron efusivos y cariñosos como siempre, ella también los abrazo y mostró ternura y amor a todos ellos.


—Les serviré sus whiskas en este platito con un poco de leche, hoy no podré sentarme a darles de comer con mi mano, tendrán que comer ustedes solitos sin mí. He traído un nuevo integrante a la familia y él necesita mucho de mí en estos momentos, debo curar sus heridas que no paran de sangrar. Buscaré el botiquín de mi abuelita. Se llama Kaled, en cuanto abra sus ojitos y se sienta mejor lo presentaré formalmente con todos ustedes.


Mientras Yetzirah iba curando poco a poco y con ternura todas y cada una de las heridas de Kaled, este iba abriendo sus ojitos poco a poco, mirándola con tanto amor y fascinación. Pareciera que quisiera decirle algo, pero por algún motivo no se atrevía a hacerlo. 


Pero, ¿qué podría decirle? Los gatos no hablan el idioma de las personas, tal vez ni siquiera entienden todo lo que los seres humanos les decimos, o ¿quizás sí?


—¿Qué tanto me miras, lindo Kaled? Tienes una mirada hermosa, ¿sabes? Hay algo extraño en tus ojos color miel, una profundidad y misterio inexplicable. Me miras tan fijamente, y me miras y me vuelves a mirar, y no dejas de mirarme, me enterneces tanto.


»¿En qué piensas, Kaled? Eres un gatito muy lindo y misterioso, bienvenido a mi vida, corazón. Si pudieras hablarme ahora que me ves con esa mirada encantadora, ¿qué me dirías? Háblame, Kaled, dime algo, por favor, lo que sea; hazme sentir que no estoy sola, que tú me comprendes y estás junto a mí. Que nunca te irás de aquí, que tú nunca me dejarás, que tú nunca me abandonarás. Tú no, Kaled, tú no, por favor.


—Estás tiritando de frío, Yetzi, creo que has pescado un resfriado. Necesitas darte un baño con agua caliente, te pondré a calentar un poco de agua —respondió el gato Kaled mientras colocaba delicadamente las almohadillas gruesas y suaves de sus manitas y dedos sobre la frente de Yetzirah.


La joven no sabía qué pensar, la conmoción de ver a Kaled hablarle la desconcertó por completo. La pesadez de todo su cuerpo cortado, los estrujantes escalofríos que la taladraban y el sudor que la empapaba no la dejaba pensar con claridad. El gato que recién había rescatado de la calle le estaba hablando como si fuera un ser humano.


Mientras Yetzirah abría y cerraba los ojos una y otra vez para descartar que todo pudiera ser un sueño, Kaled se dirigió al baño y abrió la llave de la tina para que se llenara de agua. Luego volvió a la cocina y puso una olla con agua a hervir. La joven lo miraba desconcertada, no sabía qué decir ni qué pensar. ¿Era acaso aquello una pesadilla, un mal sueño? Un gato que habla y le prepara un baño reconfortante de agua caliente.


—Tomaré este pomo de alcohol del botiquín y le pondré un poco al agua para que te des un baño calientito. Vas a estar bien, Yetzi, yo te cuidaré. Ya no estás sola, yo siempre estaré aquí para ti. Ven, vamos levántate, entra a la tina, yo me quedaré acá afuera para que te puedas desvestir con confianza, no te miraré.

 

»Reposa un rato en el agua caliente, ten un poco de jabón, mientras terminas yo iré acomodando tu cama y preparando un cambio de ropa para que te puedas recostar cobijada y calientita —decía el gato dulcemente a la joven mientras preparaba su baño, en tanto que ella seguía todas las indicaciones como en piloto automático. Un gato le estaba hablando y ayudándola a tomar un baño, todo era tan desconcertante, tan extraño. 


Pero una vez en la cama ya bien cobijada y con ropa seca, los escalofríos no cesaban; sino que al contrario, parecía que aumentaban cada vez más. Kaled había hecho ya todo lo gatunamente posible, pero no había sido suficiente, los fuertes temblores en todo el cuerpo de la joven la continuaron aturdiendo. 


Kaled buscó más cobijas en las demás camas de la casa y puso todas sobre Yetzirah, luego se colocó él por encima de todas ellas con sus manos y pies abiertos estirándose lo más que podía, como abrazando a la joven con la intención de brindarle su calor.