Sinopsis

Mi Crush es un Michi

Capítulo 15 de 27

Tiempo presente y muchos michis que rescatar

—¿Tú eras Giliberto y yo Juana? —preguntó Yetzirah con lágrimas en los ojos después de escuchar al gato Kaled contar esa historia.


—Así es, Yetzirah. Tú moriste aquella tarde y yo perdí sólo mi segunda vida. He venido durante todos estos siglos buscándote, y tal como lo prometiste en aquel pacto formal gatuno, llegaste a mí y me salvaste cuando estaba a punto de perder mi séptima y última vida. Me has llamado Kaled, tal como lo hiciste aquel día. 


—¿Qué debo hacer ahora? Según entiendo, el hechizo lo hice para reencontrarnos y volver a amarnos en otra época en que hubiera más esperanza de amar sin ser esclavizada por los designios sociales de la misoginia y el machismo. 


—Así es, Yetzirah. Mi amor por ti la eternidad de los siglos jamás lo ha logrado extinguir.


—Pero eres un michi…


—Soy un hombre hechizado en el cuerpo de un gato. Basta con que reviertas  el hechizo y podamos volver a empezar.


—Pero, ¿cómo revertir un hechizo que ni recuerdo haber hecho? Ni siquiera sé si sea eso posible.


—No lo sé, Yetzi, fuiste tú quien lo hizo y me prometió resolverlo. Yo tampoco sé qué tipo de magia usaste, ni siquiera creía que eso fuera posible. Pero veme aquí después de tantos siglos, viviendo y muriendo por ti. 


—Kaled, comprendo que tú has permanecido inmortal por todos estos siglos, guardando en tu memoria y tu conciencia todos los recuerdos. Pero yo no, yo he muerto de verdad. Tan sólo soy una adolescente de 16 años que hasta este momento de mi vida jamás había sabido de ti ni de todas esas historias que me cuentas. Historias que parecen sacadas de una novela de ficción.


—¿Vuelves a dudar de mis palabras, Yetzirah?


—Vuelvo a dudar de todo, Kaled. El amor no es tan sencillo como decir te amo. Eres un gato, es obvio que siento un cariño especial por ti y por todos los gatos del mundo, pero es muy diferente el amor de un ser humano hacia un gato al amor entre un hombre y una mujer.


—Dejaré de ser un gato y me convertiré en un hombre para poder ser digno de ti.


—Creo que has llegado a mi vida en el momento equivocado, Kaled, yo he decidido no amar a ningún hombre. Sólo quiero enfocarme en mi vida profesional, estudiar veterinaria y ayudar a todos los gatitos y animales que sufren en este mundo.


—Sigues siendo tú, Juana, con tus sueños e ideales nobles. En estos tiempos las mujeres han logrado librarse de tanta presión y condena social, por eso ahora has enfocado tu lucha hacia nosotros, los animales. Está en tu naturaleza, Yetzirah, buscar siempre el bienestar para los demás. Y si eso implica no poderme amar como hombre, acepto que me ames como un michi más. Después de todo, tal vez no exista ningún hechizo para revertir mi condición de michi.


—Y, ¿si sí lo hubiera?


—¿Cómo saberlo si no hay nada que te motive a quererlo buscar?


—¿Tú deseas que lo busque?


—Yo deseo que me ames una vez más, Yetzirah, que me ames una vez más como en el pasado me juraste amar. Acepté el hechizo de la vida para perpetuar en mi conciencia la caricia dulce de tu amor. Y hoy me dices simplemente que la espera ha sido en vano, que en tu corazón todo lo pasado pasó y ya olvidado quedó. 


—No sé dónde buscar, ni siquiera sé por dónde empezar. Y peor aún, no sé si una vez que te conviertas en hombre, yo en verdad sea capaz de poderte amar.


—Al menos déjame vivir con esa esperanza, por favor.


—De acuerdo, Kaled, lo intentaré. Lo prometo. 


—Gracias, linda, sabía que podía confiar en ti. Lo primero que debes hacer es aceptar la propuesta de tu padre.


—No, Kaled, por favor. Pídeme todo menos eso, ¿no entiendes que es una cuestión de orgullo y dignidad? 


—Cuando el bienestar de otras personas está en nuestras manos, el orgullo debe salir sobrando y enfocarnos más en actuar con prudencia y aceptar la solidaridad para compartirla.


—Si te refieres al respaldo económico de mi padre, yo puedo trabajar y conseguirlo por mí misma. No necesito que nadie me resuelva nada. Puedo trabajar y estudiar al mismo tiempo. 


—Nadie es tan fuerte que no necesite el apoyo de alguien ni nadie es tan débil que no pueda valerse por sí mismo. Pero esta vez no se trata sólo de mí ni de ti, se trata de todas las mujeres que fueron quemadas en aquella época; de todas las que lo siguen siendo ahora. Muchas de ellas al igual que yo están fueron transmutadas en michis.


—¡Qué!, pero, ¿cómo ha sido eso posible?


—En la hoguera, cuando todas ardían, lanzaste el mismo hechizo que usaste conmigo con todas ellas. Así las liberaste de aquella pena, pero hoy son michis buscando amor, cuidados y comprensión. Mal llamadas brujas, en realidad eran mujeres que anhelaban ser tratadas con equidad de género y dignidad humana.  


—¿Quiénes son ellas? ¿Sabes en dónde están? ¿Si logro encontrar el hechizo que revierte además de aplicarlo contigo podré aplicarlo con todas ellas, para que dejen de ser gatas y se conviertan en mujeres?


—No lo sé, yo tan sólo soy un michi, tú eres aquí la humana. La única capaz de decidir y conseguir nuestra salvación o nuestra condena.  Pero no estarás sola, realmente nunca estamos solos. 


»En la preparatoria donde tu padre te inscribirá habrá dos jóvenes, un chico y una chica, que te acompañarán en este largo camino que tendrás que recorrer. Tendrás que elegir muy bien a tus amigos, porque ellos definen en gran medida la persona en que terminas convirtiéndote en esta vida.