Capítulo 18 de 27
Sólo mi mejor michi-amigo y nada más
—¡Oh, qué hermoso lugar! ¡Parece como sacado de un cuento de hadas! —exclamó Yetzirah maravillada al ver aquel chalet en medio de ese jardín tan hermoso y bien cuidado, lleno de flores y colores alegres.
—Me complace profundamente que este espacio sea de su agrado, señorita Yetzirah. Estoy segura de que sus mascotas disfrutarán mucho de habitar esta cómoda casa de jardín.
—Pero por supuesto, claro que mis gatos y yo estaremos muy cómodos viviendo aquí en esta casa en medio de este bello jardín.
—Querrá decir usted sus gatos durmiendo aquí.
—No, no sólo ellos, también yo me sentiré muy cómoda aquí con ellos.
—Perdón, señorita Yetzirah, es que el chalet está pensado sólo para ser el albergue de sus gatos. Para usted hemos preparado una habitación en la casa principal.
—Creí que podría quedarme aquí a dormir con ellos en este chalet.
—Es que las indicaciones que a nosotros se nos dieron fue que el chalet sería el albergue de sus mascotas y que usted dormiría en una habitación principal de esta casa, junto a la habitación de su hermana Alya. El señor consideró que eso sería lo más conveniente para que usted y su hermana se acompañaran, y pudieran así entablar una estrecha relación de amistad.
—Nunca he tenido la compañía de una hermana, solo de mis gatos y mis abuelos. Tal vez tengas razón, debo darme esa oportunidad de poder compartir esa cercanía con mi hermana. ¿Está ella ahorita en la casa?
—Sí, señorita Yetzirah, su hermana la señorita Camila está en casa. ¿Desea que la lleve a presentar con ella en estos momentos?
—No, gracias, ahora no. Mejor quisiera poder quedarme a solas con mis gatos en este chalet, para acomodar sus cosas y queden ya instalados en su nuevo hogar.
—No, usted no tiene que preocuparse por eso, puedo pedirle a otra compañera mía que se encargue de instalar a sus gatos, mientras yo la llevo a usted a donde su hermana y a su habitación.
—Es usted muy amable, en verdad, pero preferiría encargarme yo misma de dejar instalados a mis gatos.
—En ese caso, permítame que yo le ayudo con tales diligencias.
—No, enserio, gracias. No quiero parecer grosera, pero en verdad deseo quedarme a solas un momento con mis gatos.
—¡Ah, claro, entiendo! Discúlpeme usted por mi imprudencia e insistencia, sólo trataba de ser servicial. Pero comprendo que desee un poco de privacidad.
—No, no te preocupes. No tienes que pedir disculpas, comprendo que lo haces con las mejores intenciones.
—Gracias, señorita Yetzirah. Con su permiso, cualquier cosa que ocupe quedo a sus órdenes —dijo la empleada doméstica para después marcharse del chalet dejando sola a la joven con los gatos.
Lo primero que hizo Yetzirah al quedar sola en aquel lugar fue buscar con la mirada furibunda a Kaled, quien se encontraba temeroso en un rincón de aquel chalet. En cuanto sus profundos ojos color miel se cruzaron, la joven lo llamó con voz firme:
—Usted y yo, jovencito, tenemos que dejar límites muy claros, ven ahora mismo aquí junto a mí, Kaled, es una orden.
El gato obedeció cabizbajo, caminando despacio hacia ella y arremangando su cola entre las patas.
—¡No me esquives la mirada, Kaled, mírame! —exigió Yetzirah molesta.
—Sé que no estuvo bien lo que hice hace un momento en presencia de ese tal Gael, pero no pude evitarlo. Fue como un impulso, algo más fuerte que yo mismo. Sentía una impotencia indescriptible de verlos a ambos allí tan humanos y yo un simple gato, ¿cómo podía competir contra él?
—De eso es justo lo que tenemos que hablar, esto no son competencias y, en efecto, tú eres un michi. Pero lo serás sólo por muy corto tiempo, porque tal como te lo prometí, yo moveré mar y tierra para revertir el hechizo con el que te convertí en gato.
»Sólo hay algo que necesitamos dejarlo muy claro desde ahorita, tu historia de brujas y hogueras ya fue, ya pasó, ya no existe; ya no soy Juana, soy Yetzirah. Y quizás sea verdad todo aquello de que te amé y amaste, pero yo no lo recuerdo, y si no puedo ser capaz de recordarlo, tampoco soy capaz de sentirlo.
»No te amo ni te deseo como hombre, siento por ti el mismo cariño que siento por todos mis gatos. No estoy interesada en el amor ni en los hombres, quiero enfocarme en mis sueños de ser veterinaria y luchar por los derechos de los animales.
»Lo que hice de aceptar la invitación de ese joven del Uber, fue sólo en venganza por tu pésima actitud, pero no pienso volverlo a ver. Ni a él ni a ti, en cuanto te vuelvas hombre te tendrás que marchar de aquí. Esta no es una historia de princesas y de príncipes encantados, es la vida real. En la vida real el amor romántico no existe, es un invento social del patriarcado para someternos.
—¡Qué fácil es para ti decirlo! ¿Qué sabes tú de lo que es real o no es real? ¿Qué sabes tú de lo que es el amar, si no has vivido penando por siglos en espera del ser amado? ¿Crees que sólo estoy aquí para dejar de ser gato y ser hombre? Yo no fui quien pidió esto, fuiste tú la que lanzó el hechizo, no yo.
»Ese fue el amor eterno que yo te ofrecía, entregar mi vida a cambio de la tuya, pero tú me ofreciste la eternidad, porque juraste que en otra época cambiarían los prejuicios de la sociedad, y allí nos podríamos amar de verdad.
»Ya nada es igual, la sociedad ha cambiado, y ¿tú?, ¿tú has cambiado? Yo sigo siendo el mismo joven soñador de antaño, mi corazón sigue todavía de ti profundamente enamorado. El fuego de mi pasión por ti ni los siglos lo han apagado, yo quiero una eternidad a tu lado.
—Lo lamento, Kaled, en verdad lo lamento. Pero el amor no es algo que podamos forzar, es algo que simplemente se da o no se da. Y yo sí te quiero, pero sólo como mi mejor michi-amigo. Eso nada más.