Sinopsis

Mi Crush es un Michi

Capítulo 19 de 27

Las medias hermanas se conocen y empiezan los conflictos

—Señorita Camila, le presento a su hermana la señorita Yetzirah —dijo la empleada doméstica.


—¡Holis! —saludó Camila hipócritamente mientras miraba a su hermana de arriba abajo de forma despectiva.


—Hola, Camila —respondió Yetzirah tímidamente mientras le estiraba la mano derecha para saludarla.


—Tu vestimenta es tan… tan… no sé ni qué término usar para describirlo. Es tan flop—agregó Camila despotamente dejando a Yetzirah con la mano estirada.


—¿Flop? —preguntó Yetzirah intrigada y bajando su mano un poco avergonzada por el desplante de su hermana de negarse a saludarla.


—Necesitas renovar todos esos trapos andrajosos de tu guardarropa, de lo contrario, si vas vestida así a la prepa, todos te van a funar. Mi padre ya dejó todo arreglado, estás inscrita en la misma preparatoria a la que yo asisto. Es la institución privada más prestigiosa del país, incluye los grados  de preparatoria y universidad. ¿Supongo que sabes a cuál Institución Educativa me refiero?


—Sí, Camila, sé que significa flop, sé que significa funar y también sé a qué escuela te refieres. Pero también sé que no deseo cambiar “los trapos andrajosos de mi guardarropa”, no me avergüenzo de quién soy ni de donde vengo —respondió Yetzirah sumamente altiva e indignada.


—Ay, hermanita querida, tampoco es para tanto, era bromis. Tú puedes seguir manteniendo tu esencia humildita y animal lovers, es tan tú, y está bien, bebe. Eres original y única, eso es tan “cute” —dijo Camila hipócritamente mientras le daba un abrazo distante y sendos besos en las mejillas de Yetzirah—. Bueno, linda, eres el match de hermana que tanto había pedido en mis oraciones a la virgencita de Guadalupe, te dejo porque quedé de verme con mis “amis” en el club y ya voy tarde.  


—No lo tomé personal, señorita Yetzirah, la señorita Camila es así con todas las personas. Sus padres la han consentido demasiado, pero en el fondo es una jovencita amable y de buenos sentimientos —le comentó la empleada doméstica a Yetzirah, una vez que Camila se había marchado del lugar, tratando de tranquilizarla.


—Espero que así sea en verdad, por un momento sentí la impresión de algo de ironía o sarcasmo en sus palabras. Incluso, hasta un tono de falsedad…


—No, claro que no, señorita Yetzirah, fueron sólo figuraciones suyas —se apresuró a decir la empleada doméstica, interrumpiendo que la joven terminará de decir la frase—. Verá que con el tiempo y una vez que la conozca mejor, esa mala impresión se le pasará. Ustedes se llevarán de maravilla, estoy segura de que serán muy buenas amigas. 


—Yo nunca he tenido más amigos que mis gatos.


—Pues verá que eso muy pronto cambiará, ya es momento de que se dé una oportunidad de descubrir lo bonito que es tener una hermana con quien compartir sus cosas de muchachas. 


—Gracias, es usted… muy amable. Perdón, ¿cuál es su nombre?


—¿Mi nombre?


—Sí su nombre, es que siento extraño eso de hablar con alguien y no llamarle por su nombre.


—Perdón, señorita, lo que pasa es que aquí ninguna de las empleadas domésticas somos llamadas por nuestro nombre. Para los patrones todas somos personal de servicio o empleadas domésticas simplemente, es un nombre genérico que nos han asignado. 


—Yo quiero saber tu nombre, ¿no es eso posible? ¿Está prohibido, acaso?


—No claro que no, señorita Yetzirah, usted puede pedirnos lo que sea. Nosotras estamos aquí para cumplir sus deseos como si fueran órdenes. Disculpe mi impertinencia, nunca fue mi intención ser grosera con usted. Me llamo Fidelina, para servirle a usted y a Dios.


—¡Fidelina, qué bonito nombre! De ahora en adelante te llamaré por tu nombre y no hay necesidad de que pidas perdón por todo, ten la certeza de que confío en que nada de lo que haces es con mala intención. Tu nombre significa lealtad, la que da confianza, en quien podemos depositar nuestra fe.


—Gracias, señorita  Yetzirah, es usted muy amable.


—Gracias a ti, Fidelina. Iré a ver a mis gatos a la casa del  jardín, compermiso.


—Sí, señorita, propio.


Cuando Yetzirah salió del lugar rumbo a la casa de sus gatos, una empleada doméstica que había estado escuchando toda aquella conversación entre esas tres mujeres, se acercó a Fidelina para reprocharle:


—¿Por qué le mientes diciéndoles que la señorita Camila es buena persona, cuando todas sabemos perfectamente que es una sapa?


—Porque esas han sido las indicaciones del señor de la casa, nosotras como empleadas domésticas tenemos que evitar cualquier conflicto entre las hermanas. Precisamente porque conocemos el carácter de la señorita Camila, debemos evitar que le haga la vida de cuadritos a nuestra nueva inquilina. De lo contrario, si algo sale mal aquí, muchas de nosotras saldremos despedidas. Así que estás advertida, Dánae: ¡silencio, y cuidadito y andes regando tu veneno!


—¡Ay, ya entendí! No necesitas hablarme así tan golpeado, no estoy sorda.


—Si te lo digo así, es porque bien te conozco, eres terca como una mula. 


—¡Ash, bla-bla-bla…! —refunfuñó Dánae molesta dando un puntapié en el piso—. Primero soportar a una sapa y ahora tener que soportar a otra sapa, que digo sapa, esta mosca muerta debe de ser un alacrán: “ay, sí, Fidelina, qué bonito nombre, la que es leal y de fe para confiar, bla, bla”.


—Aplaca tu lengua, escuincla, donde los patrones te escuchen cómo te expresas de ellos, sales derechito patitas pa ́ la calle. Muchachita irrespetuosa.


—¡Odio a todos estos riquillos fifis, que se creen que por ricos pueden tratarnos peor que animales! Pero un día me voy abrir mi cuenta en Only Fans para salir de pobre y ser ahora yo la que pise y humille a los pobres.


—Pues te estás tardando…


—Ganas no me faltan, pero con estas lonjas voy a provocar más lástimas que bajas pasiones.


—Pa´ todo hay gustos, tú no te limites. Pa´ todos hay, hermana, pa´ todos hay.  Tú ten fe que Dios proveerá. De perdis un Only Pies, con juanetes y callos, ja, ja, ja.


Ambas soltaron la carcajada, tantos años trabajando juntas, ya estaban acostumbradas a llevarse así con conductas pasivo-agresivas. Fidelina una mujer de edad adulta ya muy entrada en años y Dánea una jovencita en pleno despertar de la vida. Dos generaciones con sistemas de valores diferentes confrontadas en el ríspido espacio del ambiente laboral.


—¡Ay, Fide, te pasas!


—¡No, tú te pasas, ¿yo qué? Si al fin y al cabo ya les das gratis tus packs a cuanto mequetrefe se te cruce por enfrente, ya no hay moral en esta juventud actual. Al menos cobra por andar de tanga fácil, vende caro tu amor aventurera, con qué poco te conformas, con que te paguen las mediocres uñas.