Capítulo 25 de 27
Nuevos amigos para Yetzirah
—No sé la verdad, yo ya hasta me había olvidado de ese incidente —Respondió Nolan despreocupado y sin prestar mucho interés a la curiosidad de Nadia, justo antes de darle una gran mordida a su torta cubana.
—¿Es en serio, Nolan? ¿En verdad no te da curiosidad averiguar por qué Aidan y Camila tomaron el camión escolar?
—No, la verdad no —dijo el chico mientras se limpiaba con una servilleta, para después volver a darle otra gran mordida a su torta.
—¿Cómo puedes soportar vivir con la duda? ¡Qué poco curiosos eres!
—Es que la vida de esos dos seres en el mundo no es algo que me tenga con cuidado, lo que ellos hagan o dejen de hacer no es importante para mí. Tengo otras cosas más productivas en qué pensar.
—Otras cosas, como, ¿qué otras cosas? —preguntó Nadia molesta de ver la despreocupación de su compañero.
—Pues por ejemplo, que ya se me acabó mi torta y me quedé con hambre, ¿te vas a comer la tuya?
—Ay, Nolan, hombre tenías que ser. No tienen ni tantita sensibilidad para los chismes sociales de la vida. Ten mi plato, la verdad no tengo hambre, no podré comer ni dormir en paz mientras no sepa el motivo de por qué hoy esos dos viajaron en el autobús de la prole, como la mayoría de aquí nos llaman —dijo la chica mientras le arrimaba su plato a Nolan.
—Gracias, ¿tan así de plano están las cosas contigo y tus ansias de chismes de la vida y obra de la realeza de esta escuela? Pensé que no perdías tu tiempo con cosas tan triviales. Ah, déjame adivinar, ya sé, tu verdadera preocupación es buscar un pretexto para pensar en Aidan y lo que hace con su vida.
—¿De qué estás hablando? ¿Qué estás queriendo dar a entender?
—Ay, ya, Nadia, olvídalo. Sé que nunca va a aceptarlo.
—¿Aceptar qué?
—Nada, ya, déjalo así.
—Nada de déjalo así, dime, ahora me dices. ¡Exijo que me digas lo que estás tratando de insinuar!
—Olvídalo.
—No, nada de olvídalo, dime.
—Si bien lo sabes, ¿para qué te haces?
—¿Saber qué?
—Nada.
—Dime.
—No.
—Me molesta esta actitud que tomaste conmigo, me has hecho enojar bastante —dijo Nadia mientras se levantaba de su asiento furiosa disponiéndose a marcharse del lugar y dejar allí a Nolan comiendo solo.
—No, espera, no te vayas, ¿me vas a dejar aquí comiendo solo?
—Sí, porque te has portado muy grosero conmigo.
—No, mira ya tranquilízate, perdóname si te he ofendido. Nunca ha sido esa mi intención. Siéntate, por favor, acompáñame mientras termino de comer, por favor. Perdóname, soy un torpe, lo admito.
—De acuerdo, te perdono y continúo acompañándote a almorzar sólo con una condición.
—¿Cuál?
—Que vayamos a sentarnos a que termines tu almuerzo en la misma misma en donde está la chica nueva sola con su gato.
—¿Qué? ¿Y eso para qué o qué?
—Pues que tal vez ella sea la pieza que ensamble este rompecabezas y nos ayude a descubrir por qué Camila y Aidan viajaron en el autobús escolar esta mañana.
—Y ella como por qué habría de saber sobre la vida de esos dos si apenas es su primer día de clases, ni siquiera quiso decir en la clase de la maestra Jimena cómo se llamaba, mucho menos va a querer hablar con nosotros. Se le ve cara de pocos amigos, es más se le ve cara de cero amigos.
—Si tienes buena memoria recordarás que en el autobús tanto Camila como Aidan le dirigieron la palabra. Tal vez ellos se conocen, en el mundo de los riquillos de la alta sociedad así es, entre ellos todos se conocen.
—Pero, ¿cómo la chica nueva va a ser de la clase alta si viaja en el autobús escolar?
—Pues también Camila y Aidan viajaron allí.
—No, esto no es coherente, no tiene lógica. Ella no los conoce.
—Tú confía en mí, en mi sexto sentido y en mis habilidades comunicativas, ven ándale, vamos a donde ella está.
—Ok, de acuerdo tú ganas, vamos a almorzar junto con la chica nueva —dijo Nolan más de afuerzas que de ganas, mientras que tomaba la bandeja con sus alimentos para seguir a Nadia que ya se había encaminado en dirección hacia donde estaba almorzando Yetzirah.
Cuando Nolan y Nadia llegaron junto a Yetzirah se sentaron en la misma mesa junto a ella sin siquiera pedir permiso. Esta última levantó la mirada mirándolos a los dos desconcertada y sin saber qué decir.
—¿Podemos acompañarlos a almorzar a ti y a tu mascota? —preguntó Nadia amablemente.
Yetzirah no respondió nada, simplemente hizo una mueca de aprobación indiferente, después de todo ya se habían hasta acomodado ambos en sus asientos. Parecía que no tenía otra opción, pero se aseguró de cerrar un poco más el cierre de su mochila por donde se asomaba Kaled y la bajó suavemente al suelo, pues antes la había tenido sobre sus piernas.
—¡No, no tienes que hacer eso, por favor! A nosotros si nos gustan los gatos, no somos igual de acomplejados y prejuiciosos que Camila y su séquito de cabezas huecas. ¿Verdad, Nolan?
—¿Verdad qué? —preguntó Nolan que había estado distraído comiendo y no prestó atención a lo que había sucedido.
—¿Verdad que nos gustan los gatos y no creemos que tu gato esté mugroso ni que nos vaya a contagiar todo eso que dijeron Camila y sus amigas insoportables?
—Ah, sí, eso. Sí, sí nos gustan los gatos y no no está mugroso —replicó Nolan para complacer a Nadia, pero la verdad es que para él eso le era indiferente.
—De hecho, quien sí nos cae mal es Camila y sus dos achichincles, ¿verdad Nolan?
—Sí, así es —respondía el chico mientras seguía disfrutando la enorme torta que le había compartido su amiga Nadia hace unos momentos.
—Y se nota que tú tampoco le caes nada bien a ella, desde el autobús escuchamos que te venía molestando con sus comentarios estúpidos y fuera de lugar, ¿verdad Nolan?
—Sí, sí la verdad.
—Supongo que a ti tampoco te cae bien ella, ¿verdad?
—A mí no me cae bien nadie —respondió Yetzirah de forma cortante y continuó comiendo su almuerzo sin continuar prestando atención a sus acompañantes.