Capítulo 26 de 27
Camila intenta humillar a los tres nuevos amigos pero Kaled sale al rescate
—Me llamo Nadia y mi compañero se llama Nolan —dijo la chica estirando la mano derecha para saludarla de la forma más amigablemente posible e ignorando la actitud cortante de Yetzirah.
Por un momento Yetzirah pensó en dejarla con la mano estirada y no responder el saludo, pero luego recordó que eso había sido justamente lo mismo que hizo su hermanastra con ella el día que las presentaron, dejarla con la mano estirada. Por lo cual decidió no cometer ella también esa grosería. Después de todo aquella jovencita se veía buena persona y amable.
—Me llamo Yetzirah —respondió la chica mientras le daba un fuerte apretón de manos a Nadia y luego a Nolan.
—Nosotros no creas que somos de los riquillos alzados que rondan por aquí, venimos de familias humildes, sólo que somos becados. Bueno, él, Nolan, es un caso aparte, pero al final de cuenta es igual, somos pobres. Supongo que tú también eres igual a nosotros, ¿verdad?
—Sí, exactamente como lo acabas de describir, un caso especial que no es lo mismo pero es igual.
—¡Genial, eso quiero decir entonces que nos vamos a llevar muy bien!
—La verdad no estoy interesada en llevarme bien con nadie, no me interesa tener amigos. Me gusta estar sola.
—A nosotros también, pero en ocasiones hay que hacer unas excepciones. Por lo que he visto Camila y sus secuaces ya te echaron el ojo, y una vez que agarran una presa ya no la dejan ir. Estoy segura de que se van a empeñar en hacerte la vida de cuadritos. Necesitarás refuerzos para sobrevivir a sus ataques, este colegio es como la selva, la ley del más fuerte.
—No les tengo miedo, yo me puedo defender sola, no necesito que nadie me respalde.
En eso Kaled se salió de la mochila y de un salto quedó sobre las piernas de Yetzirah, comenzando a maullar y ronronear mientras le fricciona su pelaje una y otra vez sobre su brazo, como queriendo levantárselo para que lo coloque en su corazón.
Yetzirah entendió lo que Kaled quería hacer, y así fue como en un impulso accedió a poner la palma de su mano sobre su corazón, para luego cruzar su mirada con la de su mascota. En ese instante recordó lo que Kaled le había dicho sobre las dos personas que encontraría en ese colegio y que serían trascendentales para lograr su objetivo.
Después de pasar por ese instante de trance en donde pareció conectarse espiritualmente con su gato, volteó a mirar a Nadia y Nolan en silencio. Ambos jóvenes miraban desconcertados aquello que había ocurrido entre Yetzirah y su gato. No entendían qué estaba pasando.
—De acuerdo —asintió Yetzirah—. Voy a darme la oportunidad de conocerlos.
Al escuchar esto, tanto Nadia como Nolan se alegraron y olvidaron por completo aquel instante tan extraño. Al parecer ya tenían una nueva amiga con quien compartir sus ocurrencias.
Todo iría bien de ahora en adelante, o al menos eso era lo que creían. Porque justo en ese momento llegaron las tres arpías allí junto a ellos.
—Ay, mira, ternuritas. Se juntaron el hambre y las ganas de comer, no cabe duda de que los marginales tienen ese olfato para oler a los mismos de su corral.. Cada día más este colegio se va llenando de pordioseros “come cuando hay”, pareciendo más una escuela pública que un colegio digno de mi estatus —les dijo Camila de forma déspota a los tres jovencitos.
Ninguno de los tres dijo nada, sólo permanecieron allí sentados mirando a aquellas tres chicas que los miraban por encima del hombro como apestados.
—¿Alguien en este colegio sabe quiénes son este trío de mugrosos? —preguntó Camila alzando la voz para que la escucharan todos los allí presentes en el comedor escolar.
Pero nadie respondió nada, sólo voltearon a ver quién alzaba la voz, pero enseguida de forma indiferente regresaron a lo suyo. Ya conocían a esas tres chicas conflictivas, y la verdad les tenía sin cuidado lo que ellas hicieran, así como tampoco les interesaba saber quiénes eran sus víctimas en turno. Por lo regular eran alumnos becados, así que con más razón, menos importancia tenían para ellos.
—Lo ven, aquí nadie los conoce, son tan insignificantes que no tienen ningún tipo de valor en este colegio de gente bien. Doña Nadie y don Nadie con otra insignificante cosa, es bueno que cada quien sepa y se resigne a estar en el lugar a donde pertenece…
Como todos los allí presentes guardaban silencio y ninguno le respondía nada, Camila más se lucía y con total desprecio y prepotencia la seguía humillando. Sus amigas sabían la razón para tanto odio, pero tanto Nadia como Nolan no entendían el porqué de esas palabras con tanto resentimiento hacia Yetzirah.
—Acéptalo, chica nueva, siempre serás menos que yo. Jamás, pero jamás podrás estar a mi nivel. Yo estoy en las portadas de Vogue como ícono de la moda, soy la representación misma del glamour. Todas las adolescentes de nuestra edad quieren vestir y ser como yo.
»Yo nací en cuna de oro, tú en una pocilga. Jamás estarás a mi nivel. Eres y siempre serás una naca corriente marginal. ¡Aunque la mona se vista de seda, siempre seguirá siendo una mona pordiosera!
Tal vez Nadia, Nolan y Yetzirah no le respondían nada y nada más la estaban juzgando a loca por la prudencia de hacer más grande ese conflicto y evitar meterse en problemas con el reglamento de buena conducta de la escuela, bien dicen por allí que a los locos pocos, quizás sólo la estaban juzgando e ignorando.
Pero Kaled no iba a soportar que le siguieran ninguneando de esa forma a la mujer que él tanto amaba. Así que colericamente se lanzó hacía ella, tirándola al suelo de espaldas, y una vez allí arriba de ella comenzó a tirarle zarpazos en el rostro. Evidentemente Camila intentó poner sus brazos para cubrir su rostro y comenzó a gritar como loca desesperada:
—¡No, en la cara no! ¡En la cara no! ¡Mi rostro, mi rostro! ¡Auxilio, quitenme esta alimaña, por favor! ¡Auxilio, me están matando, auxilio, me están matando! ¡Las pulgas, la roña, las bacterias! ¡Me está pegando un nuevo virus mundial! ¡Me va matar, me va matar! ¡Otra pandemia, mi rostro, mi rostro! ¡Clases virtuales, de nuevo clases virtuales para todos, quítenmelo, quítenmelo, estúpidos! ¡Idiotas, ayúdenme! ¡En la cara no, en la cara no!