Capítulo 7 de 27
El conflicto amoroso comienza
Pasaban los días y Yetzirah no tomaba una decisión, no había ido a buscar a su padre ni a la trabajadora social. También dejó de asistir a la preparatoria y a su trabajo de lavaplatos en el restaurante, porque la despidieron debido a la gran cantidad de faltas que había acumulado.
Los pocos ahorros que tenía se le estaban terminando, poco a poco la comida en la alacena iba escaseando, tanto la de ella como la de sus gatitos.
La joven estaba sentada en la mesa de la cocina contando el poco dinero que le quedaba ahorrado en su cochinito, cuando de pronto el gato Kaled saltó del piso a la mesa de forma brusca e impetuosa, para después mirar fijamente a Yetzirah con aquellos profundos y misteriosos ojos color miel.
Al principio la chica se asustó y sobresaltó un poco, pero casi de inmediato recobró la calma y acarició dulcemente al gatito negro.
—Kaled, cariño, eres tú. Tus ojos, qué hermosos son tus ojos, verlos es tan deleitable como sentir el dulce sabor de la miel en el paladar. Eres muy guapo, ¿sabías? —le decía tiernamente la jovencita mientras revisaba sus laceraciones hechas con aquella trampa de púas donde lo había encontrado—. Pero, mira, tus heridas poco a poco se han ido sanando, ya estás mucho mejor, campeón. ¡Me siento muy orgullosa de ti, corazón!
—Yo también de ti, Yetzirah —respondió Kaled a la joven, dejándola por completo consternada—. Pero esto va mucho más allá de nosotros dos, nuestro amor nos ha traído hasta este fragmento de la historia, pero tu misión es mucho más grande que tú y que yo. Se trata de todas ellas, de todos nosotros. Debes aceptar la propuesta de tu padre y recatarnos a todos.
Yetzirah no supo qué hacer, qué pensar, qué responder, cómo actuar. Esto se había salido de control. Se levantó de la mesa y comenzó a caminar de un lado para el otro con las manos en la nuca, totalmente desconcertada, sin poder dar crédito a lo que le estaba sucediendo.
—¡No, esto no es verdad, esto no me está sucediendo, los gatos no hablan! ¡Repite conmigo, Yetzirath, esto no es verdad, no está pasando! —se decía la joven una y otra vez tapándose las orejas con sus manos, sin dejar de desplazarse hiperactivamente por toda la cocina, para tratar de evitar escuchar a Kaled que le seguía hablando.
—Si te sientas y te tranquilizas, podré explicarte todo y lo entenderás —le imploraba Kaled con voz apacible.
—¿Sentarme? ¿Tranquilizarme? ¿Te das cuenta lo que significa esa petición cuando viene de un gato? Kaled, no sé en tu mundo, pero en mi mundo los gatos no hablan, mucho menos explican cosas que nosotros podamos entender —le reprochaba la joven indignada.
—Entonces, ¿era falso todo ese supuesto amor y cariño por los gatos que decías sentir? Esa supuesta ideología de querer dignificar nuestras vidas como la de todos los demás seres humanos.
»Pero al final resulta que somos tan inferiores a ustedes que no puedes creer que yo tenga la capacidad de poder comunicarme contigo cabalmente. He dicho que tengo algo importante que decirte y te tapas los oídos. Estás en estado de negación, niegas lo que siempre defendiste, por lo que siempre luchaste.
»Todos tenían razón, las nuevas generaciones con sus modas subversivas respecto a las viejas generaciones, sólo son frivolidad y superficialidad. Todo para llamar la atención, sentirse únicos y especiales, superiores a sus ancestros. No existe la motivación intrínseca hacía el bien común como tal, sólo la egolatría narcisista de sentirse adorados y venerados por una supuesta superioridad intelectual.
»Sólo importas tú, sentirte bien tú y nadie más. Definitivamente estas nuevas modas de amor propio y cuidado del medio ambiente y el mundo animal en general, no es más que una cortina de humano de psicópatas hambrientos de poder y fragilidad de la otredad para poderla escupir y pisotear.
»Los jóvenes como tú sólo quieren sentirse más llenos de valores humanitarios y dignificantes que los adultos a los que tanto juzgan y critican, pero al final la historia termina igual, olvidan sus sueños ficcionales y convicciones nobles trascendentes, para acatar lo lógico como el único orden capaz de regir el universo. Un universo lleno de injusticias y desigualdad social.
»Y lo más justamente lógico termina siendo pensar en ti, después en ti, y al final solamente en ti y en nadie más. Como pregona aquel viejo refrán, “de que lloren en mi casa, mejor que lloren en la tuya”. Y como era de esperarse, culminan hundidos en su ignorancia de no poder racionalizar que el mal de todos, termina siendo el semillero interminable de tu propio mal.
»Porque basta con que no exista la paz en un sólo ser vivo, para que ningún otro ser vivo más, pueda aspirar a la paz y bienestar total de su propio universo.
»Porque nos guste o no, no estamos solos, estamos juntos. Porque no hay otro lugar más donde podamos o queramos estar. ¿Nuestra maldición o nuestra bendición? Como cada quien lo quiera mirar, pero ninguno de nosotros podemos huir, la soledad no es una opción, es una ficción existencial.
»Nadie está verdaderamente solo, y si cree estarlo, su misma creencia se auto anula a sí misma y a todo lo demás, para configurar una coexistencia ficcional, una prisión interminable sin principio ni final.
»Yo soy un simple michi, tú eres un ser humano, rey del universo. Quédate con tu grandiosidad, mientras yo me hundo en el precipicio vacío de mi mediocridad animal.
Al terminar de decir esto, el gato Kaled saltó al suelo junto a los pies de Yetzirah y como un gato normal pegó suavemente su pelaje en la pantorrilla derecha derecha de la chica mientras maullaba y ronroneaba. Después se metió bajo la mesa (donde había estado parado arriba apenas hace unos instantes), y se acostó en el suelo como cualquier otro michi lo hubiera hecho, pero en su mirada había una profunda tristeza.