Capítulo 11 de 27
Comienza la cacería de brujas con el Malleus Maleficarum
—¡Qué ironía, mientras "El príncipe" es censurado el "Malleus Maleficarum" es vanagloriado por la sociedad actual, y edificado como ley suprema, tanto por las autoridades eclesiásticas como por las civiles! La Ley de Dios y la Ley de los hombres nos han degradado al nivel ínfimo de seres carentes e indignos de valores éticos y morales —se quejó Juana en aquella caverna junto a la fogata, en donde solía reunirse, al caer la tarde, en secreto con jovencitas de su edad, para instruirse y disertar sobre letras y ciencias.
—Tengo miedo, Juana, se escuchan rumores de que los inquisidores andan cercas. Creo que por el momento lo más prudente sería que se suspendieran estas reuniones.
—Es verdad, yo he escuchado que de manera muy discreta en un poblado cercano se están haciendo preparativos para llevar a cabo un auto de fe. Dicen que han identificado una secta de mujeres herejes por estos rumbos, las quemarán en la hoguera.
—¿Y si esa secta somos nosotras?
—¿Acaso es un pecado hacer uso de nuestro libre albedrío? ¿Acaso es un pecado permanecer fieles a nuestros principios y luchar por la defensa de la dignidad que nos es propia? —preguntó retóricamente Juana a sus compañeras de reunión.
Todas las presentes guardaron silencio y bajaron la mirada avergonzadas. Al ver Juana el miedo en sus rostros, decidió levantarse para pronunciar unas palabras alentadoras. Pero antes de que pudiera iniciar su discurso el ladrido de unos perros la desconcertó. Enseguida al ladrido de los perros se escucharon susurros de voces humanas. No se podía distinguir exactamente lo que decían.
—¡Son ellos, vienen por nosotros! —gritó una de ellas histérica y profundamente asustada.
Los ladridos de los perros y el bullicio de la muchedumbre se escuchaban cada vez más cerca. Por fin se alcanzó a escuchar claramente a una persona decir:
—¡Brujas, son brujas, deben arder en la hoguera! ¡Están allí en esa caverna, vamos por ella!
Ya no había duda, iban por ellas. La histeria colectiva inundó la caverna. Comenzaron a llorar y gritar desesperadas. Rápidamente con tierra lograron apagar la hoguera que alumbraba las penumbras de la reunión en aquella caverna y salieron despavoridas del lugar, y, con impulsivo instinto de supervivencia, tácitamente cada una huyó con dirección diferente entre aquellas penumbras nocturnas de montañas y bosques.
Cuando los habitantes del pueblo (provistos de antorchas, leños, hachas, palas, etc.) llegaron a la entrada de la cueva, ya no estaban las jóvenes allí. Todas habían huido, excepto una, Juana. La protagonista de esta historia permanecía allí sola, de pie junto a las brasas aún tibias de la hoguera recién apagada con tierra por sus compañeras, con firmeza valiente levantó su frente y los miró a todos ellos a los ojos.
Altiva y sin temor alguno comenzó a caminar para salir de la cueva y acercarse hacia ellos. Cuando vieron la fiereza de su mirada y su inquebrantable temple, los lugareños dieron unos pocos pasos lentos hacia atrás.
Cuando Juana quedó fuera de la caverna, movió sutilmente con su mano un mechón que cubría el párpado y la mejilla derecha de su rostro, para después agregar con voz altiva, fuerte y vibrante:
—Sí, soy yo: “la bruja”, ya no busquen más, aquí estoy.
Cuando terminó de decir esto, un fuerte relámpago alumbró su rostro al mismo instante en que un estridente trueno hacía estallar el cielo y lo partía en mil pedazos dejando desbordar un torrencial aguacero.
En cuestión de milisegundos el agua de la lluvia apagó por completo todas las antorchas de los pueblerinos, que vieron aquella señal como obra del maligno dotando de poderes maléficos a aquella joven encarada valientemente ante todos ellos.
Temieron a su mirada imponente, pero no retrocedieron, la caverna detrás de la joven impedía cualquier escapatoria. Había quedado acorralada, y aunque no lo estuviera, su orgullo y su soberbia no la dejarían renunciar a su ideal de libertad y dignidad humana. Era ella sólo contra ellos, contra la ley de Dios y contra la ley del hombre. Era ella sola contra el mundo.