Sinopsis

Mi Crush es un Michi

Capítulo 27 de 27

Alumnos llevados a la dirección para ser castigados

Los gritos histéricos de Camila eran como chillidos estridentes que se escuchaban a lo largo y ancho del comedor escolar. Pronto todos los curiosos se acercaron a presenciar aquel espectáculo. 


Y lo que más alteró a Camila fue que nadie hizo el menor intento por ayudarla y quitarle el gato de encima, al contrario, todos se burlaban a carcajadas mientras grababan en video con sus celulares. Se escuchó a varios decir: “¡esto  va directo pa´l el feis, se va volver viral en corto, papá!”.


Ni siquiera sus dos amigas inseparables hacían nada por ayudarle a salir de ese suplicio, en el fondo ellas también lo estaban disfrutando. Tampoco Nadia, Nolan ni Yetzirah hacían el intento de quitarle a Kaled de encima. 

El perfecto ejemplo de la psicología de las masas, en donde se pierde identidad y se gana libertad, más allá de la esclavitud antre el bien y el mal. Pues no hay ser tan débil que no pueda alcanzarte; y no hay ser tan empoderado que no pueda llegar a ser derrocado. 


Pero como los lloriqueos y alaridos de Camila llegaron hasta el alcance de los oídos de la psicóloga Jimena, ella sí corrió a investigar qué era lo que estaba sucediendo.  La profesora quedó pasmada al llegar y ver aquel espectáculo de Camila en el suelo tirada boca arriba con el gato encima de ella tirándole infinidad de zarpazos, mientras la joven pataleaba y gritaba como urraca. 


La psicóloga inmediatamente le quitó el gato de encima a la chica poniendo fin a aquel espectáculo. Luego volteó furiosa a ver a todos los jóvenes allí presentes y les dijo con profunda indignación lo siguiente:


—¡En lugar de ayudar a su compañera se ponen a grabarla! Pero, ¿qué clase de seres humanos son ustedes? ¡Es el colmo con ustedes, no sé ya qué podemos esperar de estas nuevas generaciones! ¡Dónde han quedado los valores, por Dios, muchachos!


 »¡Está sociedad cada día está en más decadencia! ¡Les ordeno que ahorita mismo borren las grabaciones que hicieron de este espectáculo tan deplorable! ¡Está estrictamente prohibido que alguien se atreva a subir las grabaciones de esto a la Red!


—Eso es imposible, profesora, ya es demasiado tarde. Hicimos las grabaciones en vivo y ya están en todo Internet con millones de reproducciones, se viralizó en cuestión de segundos. Ya no depende de nosotros. Otros usuarios han descargado el video y lo están reproduciendo— comentó uno de los jóvenes allí presentes y los demás lo confirmaron.


Con profunda impotencia, la maestra Jimena, que tenía a Kaled entre sus brazos, volteó a ver a su dueña Yetzirah en busca de explicaciones y respuestas.


—¿Qué fue lo que pasó aquí? ¿Alguien me puede explicar cómo fue que este gato terminó agrediendo a Camila de esa forma tan despiadada? —preguntó la profesora a todos los allí presentes, pero mirando directamente a Yetzirah.


—Fue ella, maestra Jimena, Yetzirah lo aventó encima de mí para que me me desfigurara y me contagiara de un virus mortal —gritó Camila sollozando mientras todavía permanecía postrada sobre el suelo, sólo habían encorvado un poco el torso para quedar sentada. No quería levantarse, para hacer más dramática y teatral su posición de víctima.


—¡No es cierto, yo no le aventé nada! —gritó inmediatamente Yetzirah para defenderse de las falsas acusaciones de su hermanastra.


—¡Sí es verdad fue la chica nueva la que le aventó el gato a Camila! —gritaron Rubí y Regina para defender hipócritamente a su amiga.


—No, no es verdad, ellas mienten. Fueron ellas las que vinieron primero aquí a insultarnos, nosotros estábamos comiendo aquí tranquilos y ellas vinieron a agredirnos —se apresuró a gritar Nadia


De pronto, todo se convirtió en un desorden donde todos gritaban al mismo tiempo acusándose unos a los otros. Todo se salió de control, haciendo que la psicóloga perdiera la paciencia y ella también alzara la voz para callarlos a todos:


—¡Basta, silencio a todos! Regina, Rubí, Nadia, Nolan y Yetzirah, a la dirección —les dijo con voz firme mientras de forma brusca ponía a Kaled en brazos de su dueña, para después agregar lo siguiente: —y tú, Camila, te vienes conmigo a la enfermería.