Sinopsis

Mi Crush es un Michi

Capítulo 1 de 27

Mis abuelitos enferman, ¿qué será de mis 13 gatitos y yo?

—¡Llegaron más platos, Yetzi! Hay que apurarse porque si no, no saldremos de aquí hasta la madrugada.


—¡Parece no tener fin!, ¿Qué cree la gente que nosotros no tenemos que ir a celebrar este día? —dijo Yetzirah exhausta de tanto lavar platos en aquel restaurante.


—¿Es en serio lo que estás diciendo, Yetzi? No sabía que tuvieras novio o algo por el estilo. ¿Con quién quieres ir a celebrar este 14 de febrero?


—Ash, obviamente que no tengo novio, tengo algo mucho mejor que eso, mis más de 13 gatos. Los amo y ellos me aman a mí. 


—Ay, Yetzi, no salgas con la batea de babas de que tus crush son tus michis. No niña, eso de amar gatos no es suficiente, necesitas un novio de carne y hueso. Empezar a convivir más con muchachos que con gatos.


—Pues no fíjate, y aunque te burles, yo no necesito un novio, con el cariño de mis michis me basta y me sobra. 


—Eres caso perdido, Yetzi, la única opción que se me ocurre que puedes tener para no quedarte a vestir santos, es que un día unos de tus gatos resulte ser un príncipe azul hechizado que cobre vida para convertirse en un guapo muchacho de carne y hueso. Creo que esa es la única forma en que podrás tener un enamorado de verdad. 


—Me conformaría con no tener que lavar platos los 14 de febrero y estar en mi casa cuidando a mis gatitos, deben estar tristes esperándome. Lo bueno es que allí están mis abuelitos acompañándolos.


—Te urge un gato más, el número 13 es de mala suerte, el 14 es el número del amor.


Al terminar el turno de su jornada laboral como lavaplatos de aquel restaurante, Yetzirah se dirigió a su casa como cada tarde. Siempre lo hacía a pie, para ahorrarse el costo del pasaje y comprar con esos 20 pesos un poco de whiskas para sus michis en la tiendita de la esquina. 


—Hola, jovencita, hoy se te hizo un poco más tarde. ¿Qué te ha pasado, muchachita? ¿Está todo bien?


—Sí, doña Beni, no se preocupe. Todo está bien. Se me hizo tarde porque había mucha gente en el restaurante celebrando este día de los enamorados.


—Qué bien, muchachita, ya me tenías con el Jesús en la boca. Me alegro de que estés bien. ¿Vas a querer tus 20 pesitos de whiskas de siempre?


—Sí, doña Carolina, por favor.


—¿Y no celebrarás este día con algún muchacho?


—No, claro que no, ¿por qué habría de hacerlo?


—Porque es el día de los enamorados y tú eres una jovencita muy linda, me recuerdas mucho a tu santa madre que en paz descanse, eres idéntica a ella de bonita. Seguro debes de tener muchos pretendientes en la escuela o en tu trabajo. ¿No tienes novio aún? Yo nunca te he conocido a algún muchacho, sólo a tus gatitos. 


—Y así será siempre, yo nunca tendré novio, sólo hay espacio en mi corazón para mis gatitos y mis abuelitos. No quiero saber de hombres, no quiero que me pase lo mismo que a mi difunta madre, que en paz descanse. Los hombres no saben amar de verdad, mis gatitos sí.


—Está bien, muchacha, como tú digas —dijo la señora de la tienda, cambiando bruscamente el tema de la conversación, al darse cuenta de la molestia que había causado en la jovencita—. Aquí tienes tus whiskas. Que tengas una linda noche, cuídate mucho. Que Dios te acompañe y te bendiga siempre.


—Gracias, doña Beni, igualmente le deseo una bonita noche a usted.


Al llegar Yetzirah a su humilde casa de madera abrió la puerta emocionada de poder estar por fin en su hogar para convivir con sus gatitos y sus abuelos. Pues como siempre, de lunes a viernes, salía desde muy temprano de su casa para ir a la preparatoria por las mañanas y en la tarde a su trabajo. No tenía tiempo de volver a su casa, sino hasta esas horas de la tarde noche.


—¡Hola, gatitos! Ya llegué, los extrañé mucho. ¿Ustedes me extrañaron a mí?


Como ya era costumbre, sus 13 gatitos se arremolinaron alrededor de ella ronroneando y maullando de alegría, mientras frotaban suavemente su pelaje sobre las piernas de Yetzirah. Enseguida ella se puso de rodillas junto a todos los michis para comenzar a acariciarlos tiernamente y sacar de su mochila las whiskas y poner un poco sobre su mano izquierda, para que los gatitos pudieran comerlas directamente de allí, mientras que con su mano derecha Yetzirah continuaba acariciando el pelaje de todos los gatitos uno a uno.


—No sé qué sería de mi vida sin ustedes, lindos mininos, son mi universo entero. Los quiero y amo con todo mi corazón. Nunca, nunca me enamoraré ni me casaré con nadie, ustedes serán siempre los únicos amores de mi vida. Por siempre, hermosos, por siempre. 


Los gatitos seguían efusivamente comiendo sus whiskas de la mano izquierda de Yetzirah. Mientras seguían maullando sin parar.


—Sé que cuando maullan es porque me platican cositas, lamento no poder traducir ese idioma de gatitos a mi idioma español y entender qué es lo que me quieren decir.  Pero estoy segura de que es un mensaje lleno de mucho cariño y amor. Prometo que cuando sea grande estudiaré veterinaria, para poder entenderlos mejor, lindos michis amore míos. 


De pronto, Yetzirah salió por un momento de ese estado de trance de amor efusivo con sus gatitos mientras los alimentaba, para notar que sus abuelitos no estaban allí junto a ella como ya era costumbre que salieran a recibirla cada que llegaba.


—Abuelita, abuelito, ¿están en casa? —los llamó un poco preocupada.


Al ver que no respondían a su llamado, se levantó del suelo y fue a la cocina para buscar los trastes en donde daba de comer a sus gatitos. Allí puso todas las whiskas y los llevó al jardín de la casa, para que continuaran comiendo ellos solitos allí mientras ella iba a la recamara de sus abuelitos a ver lo que pasaba con ellos.


—Abuelito, abuelita, ¿dónde están? Voy a abrir la puerta, ¿está bien?, ¿puedo entrar?


Al no recibir respuesta alguna, decidió entrar a la recamara de sus abuelos y quedó conmovida ante aquel cuadro que tenía frente a sus ojos. Ambos ancianos estaban recostados en su cama muy cobijados y seriamente decaídos, con apariencia de haber contraído una enfermedad gripal severa. Al acercarse junto a ellos notó que estaban ardiendo en fiebre y en un estado de delirios e inconsciencia total.


—Abuelitos, qué les ha pasado, si apenas en la mañita que me fue todo esta bien. Mis viejitos, no se me vayan, no me dejen. Ustedes y mis gatitos son lo único que tengo en este mundo, no quiero perderlos, por favor, tienen que estar bien —decía la jovencita entre sollozos mientras trataba de reanimar a sus abuelos con paños húmedos para bajar la fiebre.


Pero todo parecía en vano, el fin de la vida de sus abuelos estaba llegando. ¿Cuál sería el destino de esta jovencita huérfana de sólo 16 años,  sin ninguna otra compañía humana en este mundo, tan sólo sus 13 gatitos rescatados de la calle?