Capítulo 1 de 1
El día que nos amamos
Yo le dije:
Estoy locamente enamorada de usted,
le he escrito una inmensidad de poemas.
Él me susurro:
Olvida los poemas,
yo quiero tus besos.
Y le respondí:
No, primero lea mis poemas,
y después hablaremos de los besos.
Sólo me contestó:
No, yo lo que anhelo es tu cuerpo.
Y yo le insistí:
Le prometo que por cada verso musitado,
le regalaré un beso a cambio,
y después más que mi cuerpo,
le voy a dar a saborear mi alma.
Pero se rindió de pronto
y no aceptó mi trato,
y ya no dijo nada
y no viví su canto.
Esto pasó aquel día
que nos quedamos solos.
Y todos divulgaron
que nos besamos tanto.
Y algunos intrigaron
que el cuerpo desnudamos.
Pero nadie ha sospechado
que fue mejor que eso:
él sólo acaricio mis mejillas
con sus inermes manos,
y me hizo el amor con su mirada,
con su ternura, con sus palabras.
Me confesó que en mis ojos
había algo misterioso que lo conquistaba.
Por eso aquel día,
que nos quedamos solos,
yo comencé amarte
incluso más que antes.
Y él no oyó mis poesías
porque tenía el temor
de enamorarse más que yo.